viernes, 20 de junio de 2008

Deshumanización del Hombre y la Sociedad

El sol se pone en un laberinto de piedra y hormigón.
Occidente está en las frías garras de poderes invisibles.
Todo se marchita y muere en muertas estructuras azotadas por los desabridos vientos de la locura humana.
La computadora prolifera en el mundo.
Por todos los horizontes los hombres carecen de cara y de corazón, son una masa gris, sin luz y sin amor.

Occidente no ha querido
creer en el amor
como fuente de luz y de calor
para el hombre y la sociedad


Occidente ha dado en creer en la omnipotencia de la ciencia y la técnica.

Pisadas humanas en la luna. Laboratorios volantes en el espacio. Cámaras fotográficas y televisivas en planetas lejanos. Corazones, riñones y otros órganos trasplantados. Bancos de sangre, bancos de piel y bebés de probeta. Computadoras que hablan. Robots que hacen las tareas domésticas. Microprocesadores. Maravillas de la electrónica. La era proindustrial. El paraíso.

Armas atómicas en arsenales secretos. La bomba de neutrones. El monstruoso arsenal de la muerte con el que un loco puede destruir mil veces toda la vida de la tierra. La intoxicación química. La contaminación de mares y ríos. El agotamiento de las materias primas. Los decibelios atronadores. El ensuciamiento total del medio humano. El infierno.

¿Nunca te ha llamado la atención el que en la naturaleza todo busca su camino hacia la luz? La más pequeña de las semillas, en la oscuridad de la tierra, crece hacia la luz. Todo árbol, hasta en la selva más densa, tiene sus raíces hacia la luz. Toda flor alza su cáliz al sol.

Sólo el hombre se ha apartado de la luz. Ha apagado la luz encendida en todo hombre desde su nacimiento. El hombre se ha encorvado hacia la materia, se ha marchitado con la árida materia, en una existencia incolora e insensata. En la base de su modo de vida hay una existencia consumada por la materia. El hombre occidental se ha hecho materialista hasta en su pensamiento en una sobrevaloración morbosa del dinero y la propiedad, del poder y la riqueza.

PHIL BOSMANS